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David Levithan

¿Por qué fallan las políticas públicas?

Por: Piere Ramos Luis

En los últimos años, la sociedad mexicana ha exigido soluciones concretas a diversos asuntos tanto de índole público como del interés privado. En ese sentido, la efervescencia por atender todos, o casi todos, los problemas que se perciben en la sociedad se han incrementado exponencialmente, particularmente entre los actores que compiten en la vida pública, llámense funcionarios, políticos o candidatos a elección popular.

La actual oferta agrupa un sinfín de soluciones que, atrevidamente, algunos denominan como políticas públicas. No obstante, la mayoría de estas políticas se asemejan más a las ocurrencias que a una estrategia adaptativa de largo plazo, bajo costo y alto impacto. Por ejemplo: “silbatos para prevenir el secuestro y acoso en las mujeres”, “prohibir la venta de cervezas frías para inhibir el consumo”, “botones de pánico o cámaras de vigilancia para evitar los asaltos” y así una infinidad de remedios.

Definir qué es un problema, cómo afecta y a quién impacta, es más complejo de lo que se piensa. Establecer relaciones de causa-efecto, incorporar variables como la dinámica espacial, los incentivos de los actores, el riesgo o la incertidumbre profunda, entre otras, es una tarea que requiere experiencia, estructuración participativa y rigurosidad metodológica. De allí que la actual oferta de políticas públicas diste mucho de ser efectiva, eficiente, económica y transparente.

Diagnosticar problemas y pronosticar alternativas no es una labor meramente intuitiva ni mucho menos ideológica. Los actuales fenómenos sociales envuelven relaciones sumamente dinámicas, complejas y contradictorias. La reducción y simplificación de esta importante tarea no solo acarrea el diseño de ocurrencias populistas que no resuelven problemas sino que, como sucede en muchos casos, terminan por agravar o generar otros, además del derroche de los valiosos recursos públicos.

Desafortunadamente, las respuestas hasta ahora diseñadas desde el escenario público todavía se orientan por atender los efectos y no las causas de los problemas. Alternativas que en su momento parecían obvias terminaron por convertirse en enormes elefantes blancos: el complejo turístico que no genera derrama turística, la carretera que no disminuye el tráfico vehicular, las videocámaras que no inhiben la delincuencia y un largo etcétera.

Sumado al error de diseño, existen otras cuestiones que no se consideran durante la implementación de las políticas: las asimetrías en la información, comunicación y difusión de las acciones entre los actores, la evaluación a priori y el control concurrente de las etapas, así como la capacitación y orientación de la estructura burocrática, el cual en muchas ocasiones confunde los medios con los fines de la política pública.

Las ciencias de gobierno ya no deben verse desde una visión simplista, reduccionista ni ideológica. Los efectos de toda decisión gubernamental tienen enormes implicaciones en la vida de miles de personas. En este sentido, la actual complejidad de los problemas públicos debe atenderse a razón de análisis rigurosos y robustez estadística, apoyados en la ciencia y no en simples corazonadas o decisiones de palacio al momento de elegir la mejor opción.

¿Qué factores o combinación de circunstancias llevan al éxito o fracaso de una política pública? Sin duda empezar por un buen diagnóstico es una de las más importantes etapas. En Halach Política y Gobierno, te orientamos para que tus buenas intenciones no se conviertan en tu principal dolor de cabeza. Acércate y conócenos.

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