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¿Hasta cuando tanto dolor?

Mensaje por mariangeles mardelplata el Miér 24 Nov 2010, 18:17

Amigos:
Horas y horas de televisión mostrando a Haití, y hoy ya olvidada por lo mediático, sus habitantes siguen sufriendo. ¿Donde está la solidaridad mundial, sólo en la tv...?

Acá la nota de un corresponsal español:

Para seguir sintiendo y pensando que otro modo de estar es posible...
¿Para cuando "los designios de amor que Dios tiene para los pueblo más abandonados"?
Ojalá encontremos los modos de ser cercanas, solidarias... Abrazo esperanzado.

<BLOCKQUOTE dir=ltr style="MARGIN-RIGHT: 0px">La población caribeña se sublevó en las calles contra las tropas de las Naciones Unidas




Haití estalló, sus principales ciudades se llenaron de barricadas y hubo lluvia de piedras contra las tropas de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah), señaladas como las introductoras del virus del cólera en el país. Fue la rebelión del cansancio, contra el olvido del mundo y el silencio de las cadenas de noticias internacionales, que diez meses atrás llenaban sus despachos y noticieros centrales con relatos e imágenes multiplicadas, de fantasmas humanos que deambulaban sin hogar por las calles quebradas del terremoto más devastador de la historia.
"La primera idea que se le viene a uno a la cabeza es que debe haber algún tipo de maldición, que no es posible que tanto mal, tanto dolor, tanta muerte se acumulen en un tiempo y un espacio tan reducidos", escribe en su blog el corresponsal español Fran Sevilla. Es la primera sensación que se tiene cuando se vuelven a contabilizar cifras superiores al millar las víctimas, con esta nueva epidemia que azota al pueblo caribeño. Ya superan los 18 mil enfermos y la Organización Panamericana de la Salud evalúa que unas 10 mil personas morirían en las próximas semanas y que si la tasa de mortalidad diaria se mantiene como hasta ahora ascenderían a 200 mil más en los próximos 6 a 12 meses.
Los números alarman aunque no tengan nombre y apellido concreto, ni muestren el rostro de los condenados a morir de una muerte evitable en otras latitudes. Desde el 12 de enero en que la tierra tembló de tal modo que desapareció barrios enteros, casi sin diferencias de clases, trescientas mil almas dejaron de existir y cerca de un millón y medio se hacina en campamentos, sin esperanzas de volver a un techo más o menos habitable. Entre tanto infortunio después de recibir tantas visitas de estrellas y ex presidentes poderosos que declamaban solidaridad, los haitianos dejaron la pasividad y reaccionaron con manifestaciones violentas hacia los cascos azules (11.848 militares y policías de 57 países integran la Minustah), a quienes ven como una fuerza de ocupación y no de asistencia. Las ciudades de Cap Haitien, Hinche y Puerto Príncipe fueron epicentros de la revuelta. Aunque la calma parece regresar con el correr de los días, nadie se atreve a apostar a que no habrá nuevos levantamientos contra la presencia extranjera cuando el cólera se cobre más vidas.
"El pueblo comenzó a reaccionar debido a la situación crítica que vive", sostiene Emmacula Nervil, integrante del Movimiento Unido Socialista Haitiano. "Esas tropas tienen que salir de Haití, porque mantienen la pobreza en el país, porque a esos soldados hay que pagarles (la misión se prorroga cada seis meses, este semestre cuesta 279 millones de euros). No tenemos ni un hospital, no tenemos ni siquiera alumbrado público, la gente se alumbra con velas en pleno siglo veintiuno", explica y de algún modo le da un viso más político a la explosión social de la última semana. Es que aún se mantiene vivo el recuerdo de las unidades de soldados de Estados Unidos que en los primeros días posteriores al sismo ocuparon aeropuertos, lo que quedaba de la Casa de Gobierno y otros edificios importantes, mientras simulaban ejercicios de combate con disparos al aire. Un desembarco "humanitario", que la revista de temas militares estadounidense [i]Stars and Stripes
reveló como parte del entrenamiento previo antes de ir a Afganistán.
Con un médico cada mil habitantes, 65% de analfabetismo, con sólo dos hospitales públicos en todo el país, ahora destruidos, la educación privatizada, altas tasas de mortalidad infantil y desnutrición, consecuencia de décadas de gobierno corruptos e injerencia externa, a la cual la Casa Blanca no es ajena, el trágico presente de Haití se acentúa a medida que el tiempo avanza y la comunidad internacional tiene mayor responsabilidad en esto más allá del terremoto o el actual brote epidémico, que no se registraba desde hace cien años.
La ayuda prometida no llega, las vestiduras desgarradas de gobiernos y organismos quedaron como actos de falsa contrición ante el horror inocultable que mostraban los medios de comunicación. En la cumbre de Nueva York los países ricos decidieron condonar una deuda incobrable y se comprometieron a aportar 11.000 millones de dólares, de los cuales 5.300 millones estaban previstos para este año. Aún no llegaron. Limpiar de escombros la Capital costará U$S 1.200 millones. Vivienda digna para quienes la perdieron con el seísmo, unos 10.000 millones. Promesas que esperan ser cumplidas.
El próximo domingo son las elecciones presidenciales, en un contexto en el que las campañas proselitistas parecen una obscenidad mientras se cuentan más muertos cada día. Quizá como en tiempos revueltos como los de Dessalines y Toussaint-Louverture, cuando la primera revolución americana y esclava, los haitianos aprovechen la jornada para que nunca más se olviden de ellos.La población caribeña se sublevó en las calles contra las tropas de las
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